“Querés que te empuje?”

mayo 5, 2011

Por Jairo Marques en http://assimcomovoce.folha.blog.uol.com.br/

La frase “querés que te empuje?” fue seguramente una de las que más oí en mi vida hasta ahora. Si le sumas la variante afirmativa “dejá que te empuje” y la versión más agresiva, más “obrero man” (ui), “sacá la mano de ahí que yo te empujo”, no me quedan dudas, es la frase que más escuché hasta hoy.

Les confieso que cuando estoy subiendo una rampa empinada o una calle con fuerte desnivel, sabés cuando quedás con la lengua afuera, con cara de cachorro en frente de la carnicería? Entonces, ahí yo hago fuerzas para que venga un “querés que te empuje?” para darme aquella “manito”.

Mucha gente piensa que los usuarios de sillas de ruedas son todos rebeldes. Que va a insultar a la madre, tirarle piedras o llamar a  la “pulicía” al ofrecérsele un apoyo, un auxilio. No es bieeeen así, no. Una ayuda puede ser bienvenida, claro. Pero hay casos y casos.

Imaginate vos andando por la calle y, de repente, alguien te toca el brazo. No es tu vecino, no es tu pariente, no es tu amigo ni es tu albañil preferido. Es bien probable que a vos no te vaya a gustar eso.

La silla de ruedas, para sus usuarios, es como si fuera parte del cuerpo. Por más extraño que pueda parecer, es así que funciona, es así que sentimos.

Cuando surge, entonces, alguien para ayudar, este alguien precisa estar conciente que estará tocando en el propio cuerpo del rengo. Lo mismo sucede al tocar una muleta, un bastón o hasta unos anteojos. Yo puedo estar a gusto con este “toqueteo” o no, ta?

Otro aspecto que, a veces, puede justificar una negativa de ayuda es que la silla no es un carrito de compras 😀 . Por más que parezca fácil manejarla, una persona sin la menor experiencia puede aplastar la cara del rengo en el piso.

Las rueditas del frente de nuestro “carrito” acostumbran a trabarse en los centenares de pozos de nuestras tan bien planeadas veredas. Ay, gente, la persona niega porque corre un “mieda”, “la sacás”? Muchos discapacitados tienen problemas de equilibrio y para caer basta un descuido.

Por último, a veces, el rengo no quiere ayuda porque realmente ella no es necesaria. Yo no puedo ejercitar mis brazos? No puedo tener el derecho de pensar solito con mis botones?

Y en un museo o una feria, por ejemplo? Esto sucede hasta con mis amigos más cercanos. Pues, yo quiero ver las obras o apreciar el producto a mi tempo, no al tiempo del otro….

Yo estoy ahí, admirando un Picasso (mente demoníaca la de ustedes 😛 ) y el tipo me saca de la frente de la imagen de sopetón… En locales bien planos, tranquilos, no tiene mucho sentido la tal “ayudita” a no ser que la persona pida o que ya esté muy cansada o que tenga dificultades de tocar las ruedas sin ayuda.

Yo, "inhibido", en Cartagena de Indias, en un raro momento que pude apreciar una obra de arte (Botero) hasta cuando quise, sin que me arrastren!

Pero lo peor de todo es cuando no tenemos como argumentar y ni tiempo para eso. El sujeto te ve y va llevándote. Él sólo avisa: “Saca la mano de ahí! Yo te llevo! Descansa el brazo”. Ahí es emoción asegurada. Para que el tipo haga su buena acción del día yo pierdo millones de hilos de mi cabello de nervios.

Y el sujeto anda deprisa, tenso y va empujando la silla como si estuviera llevando un carrito del super. Y cuando el “santo” dice: “vamos a hacer una carrerita porque estoy atrasado!”. Gente, sólo puede ser fetiche. Buena parte de las personas adora correr con rengos.

La forma, entonces, es intentar ir direccionando la silla, aunque a contragusto del “empujador”, ir desviando los pozos, ir afirmándose de forma que de para no conocer el gusto de una lambida de cara en el piso.

A tiempo: La mejor situación para un rengo es cuando la ayuda es ofrecida así: “Hola, vos precisás de alguna ayuda? Querés que te ayude? Cómo puedo hacer”? En caso de que la ayuda sea negada, no insista. Busca pensar que quien está en la situación desfavorable no es el caminante.

Si la ayuda fue aceptada, procurá conducir la silla en un ritmo normal de velocidad e intentá desviar los pozos. Busca no luchar contra la dirección que el propio rengo está dando para el “viaje”!

En el caso de los ciegos, es importante que, si vos vas a ofrecer ayuda, dejes que él te agarre de tu brazo y no lo contrario. Es muy común ver gente arrastrando al ciego por las calles. Es desesperante!!!

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